O Evanxeo do Domingo 9 de Xullo

LECTURA DEL SANTO EVANGELIO SEGÚN SAN MATEO 11,2530

 En aquel tiempo, Jesús exclamó:

Te doy gracias, Padre, Señor de cielo y tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos y las has revelado a la gente sencilla. Si, Padre, así te ha parecido mejor.

 Todo me lo ha entregado mi Padre, y nadie conoce al Hijo más que el Padre,y nadie conoce al Padre sino el Hijo y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar.

Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados y yo os aliviaré.

Cargad con mi yugo y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y encontraréis vuestro descanso. Porque mi yugo es llevadero y mi carga ligera.

TRES LLAMADAS DE JESÚS / José Antonio Pagola

El evangelio de Mateo ha recogido tres llamadas de Jesús que hemos de escuchar con atención sus seguidores, pues pueden transformar el clima de desaliento, cansancio y aburrimiento que a veces se respira en algunos sectores de nuestras comunidades cristianas.

«Venid a mí todos los que estáis fatigados y agobiados, y yo os aliviaré».

Es la primera llamada. Está dirigida a todos los que viven su religión como una carga pesada. No son pocos los cristianos que viven agobiados por su conciencia. No son grandes pecadores. Sencillamente han sido educados para tener siempre presente su pecado y no conocen la alegría del perdón continuo de Dios. Si se encuentran con Jesús se sentirán aliviado

Hay también cristianos cansados de vivir su religión como una tradición gastada. Si se encuentran con Jesús aprenderán a vivir confiando en un Dios Padre. Descubrirán una alegría interior que hoy no conocen. Seguirán a Jesús no por obligación, sino por atracción.

«Cargad con mi yugo, porque es llevadero, y mi carga, ligera».

Es la segunda llamada. Jesús no agobia a nadie. Al contrario, libera lo mejor que hay en nosotros, pues nos propone vivir haciendo la vida más humana, digna y sana. No es fácil encontrar un modo más apasionante de vivir.

Jesús libera de miedos y presiones, no los introduce; hace crecer nuestra libertad, no nuestras servidumbres; despierta en nosotros la confianza, nunca la tristeza; nos atrae hacia el amor, no hacia leyes y preceptos. Nos invita a vivir haciendo el bien.

«Aprended de mí, que soy sencillo y humilde de corazón, y encontraréis descanso para vuestras vidas».

Es la tercera llamada. Hemos de aprender de Jesús a vivir como él. Jesús no complica la vida. La hace más clara y sencilla, más humilde y más sana. Ofrece descanso. No propone nunca a sus seguidores algo que él no ha vivido. Por eso puede entender nuestras dificultades y nuestros esfuerzos, puede perdonar nuestras torpezas y errores, animándonos siempre a levantarnos.

Hemos de centrar nuestros esfuerzos en promover un contacto más vital con Jesús en nuestras comunidades, tan necesitadas de aliento, descanso y paz. Me entristece ver que es precisamente su modo de entender y de vivir la religión lo que conduce a no pocos, casi inevitablemente, a no conocer la experiencia de confiar en Jesús. Pienso en tantas personas que, dentro y fuera de la Iglesia, viven «perdidas», sin saber a qué puerta llamar. Sé que Jesús podría ser para ellas la gran noticia.

PARA ORAR CON EL EVANGELIO

DESCANSAR EN TI

 Descansar en Ti,

a la sombra,

junto al arroyo,

sintiendo la brisa

y con la cabeza en tu hombro.

Descansar en Ti,

sin temores,

sin nostalgias,

sin sucedáneos,

sin ansias, enamorado.

Descansar en Ti,

gozando el momento,

libre de atillos y cargas,

sin prisas para nada

y soñando esperanzas.

Descansar en Ti,

serenamente,

ahora y a cualquier hora,

hasta habituarme

al gozo y a la gracia que me donas.

¡Descansar en Ti

después del éxito

o del fracaso

y compartir gratuitamente

tus más íntimas emociones!

Descansar en Ti,

y darte gracias,

con palabras o sin ellas,

por tu presencia solidaria

en la gente sencilla y llana.

¡Descansar en Ti!

DIOS SE REVELA A LOS SENCILLOS

Campesinos de sol a sol,

trabajadores de interminables jornadas,

parados sin trabajo y sin jornal,

esclavos modernos, sin derechos,

gente sencilla, normal y corriente.

Mujeres de todas las horas,

servidoras en todos los cuidados,

heroínas anónimas,

acompañantes fieles,

vigilantes, veladoras.

Gente sencilla, normal y corriente.

Enfermos de mil dolores,

invisibles, anónimos, escondidos

en hospitales, casas, psiquiátricos,

calles, cárceles y albergues.

Gente sencilla, normal y corriente.

Abuelos y abuelas de toda una vida,

sabios de experiencia, gastados

en mil batallas, cansados, golpeados,

acompañados y amados,

abandonados y solos.

Gente sencilla, normal y corriente.

Dios, Señor y amigo de la vida,

servidor y compañero fiel,

amigo de pobres y perdidos,

gracias por ser, tú también,

gente sencilla, normal y corriente

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